Nos prepara un producto cada vez más riguroso casi en su totalidad utilizando la técnica del
pejibaye, con la cual delínea purísimas formas,
mínima, expresiones, que apreciamos con gran
desenfado en impresionantes mesones que
desde ya llaman a la concordia, al consenso, a
la transformación que se gesta entre los grupos
humanos que piensan en la Tierra, en su hábitat y
en su cultura.
Lo que me gusta de su actividad creativa como
mueblero –siempre lo he dicho y lo repito una vez
más-, es que él devuelve otra función y aprovecha por ejemplo aquellos sillones quizás en los cuales
ya nadie se fija por pasados de moda, y él, en
su acucioso pensamiento de investigador los
esculca en compraventas, y de ellos emerge una
segunda y hasta tercera vida y un nuevo canto al
deseo de amar el árbol y a la madre de todos: la
naturaleza.